Lo invisible que se visualiza

invisible

La tarea primera y más difícil a la que nos enfrentamos los profesionales es la de guiarnos a nosotros mismos. Porque exige que nos enfrentemos a ciertas partes de lo que somos que preferiríamos olvidar o incluso negar.

Todo lo que llevamos dentro clama en su contra. Por eso lo exteriorizamos todo: es mucho más fácil enfrentarse con el mundo exterior. Es más fácil pasarse la vida manipulando una institución, que enfrentándose a nuestros laberintos internos.

He logrado el éxito en las finanzas y extendido mi ministerio, pero me es imposible controlar mi ritmo y me siento paralizado por la ansiedad. Cualquiera creería que mientras más uno tiene, menos teme, pero lo cierto es lo opuesto.

Estoy comenzando continuamente más cosas. Yo pensaba que el éxito iba a eliminar la presión que sentía, pero solo ha servido para empeorar las cosas.

Presiono constantemente a mi equipo para que trabaje con mayor inteligencia y mayor esfuerzo. Desecho enseguida a la gente.

La gente que me rodea está pagando las consecuencias de todo esto. Me siento como si todas mis relaciones estuvieran a punto de romperse.

¿Qué hago? Trato de seguir desempeñándome y produciendo, al

mismo tiempo que intento trabajar con mi alma pero no funciona.

 

La incapacidad para decir que no, tiene sus raíces en la familia de origen, y en la forma en que se relacionaban entre sí. Las reglas sobreentendidas con las que había crecido indicaban algo parecido a esto:

No incomodes a los demás.

Tú tienes la responsabilidad de hacer felices a tus padres. Cuando te sientas triste o enojado, guárdatelo.

 

Eso llevó a no ser del todo sincero, y a involucrarse excesivamente en los sentimientos de la demás gente.

 

Aplicación Teoterápica

Es importante comenzar a buscar lograr un equilibrio entre lo interno y lo externo, solo Dios puede llevarnos experimentar salud integral.

Es necesario ser valientes y decidir enfrentarnos a nuestra sombra con la dirección del Espíritu Santo para poder ser sanados, restaurados y liberados. Para que Él ponga luz en cada oscuridad que este en nuestro interior.