El poder de la palabra de Dios

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«Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu».

2 Corintios 3:18

Muchos hemos crecido en esta hermosa familia, hemos aprendido versículos bíblicos desde el ministerio de niños, hasta que lleguemos a ser parte de las juventudes, la biblia siempre ha sido una realidad en nuestro vivir, conocemos las historias sabemos los pasajes bíblicos de memoria, es probable que tengas un libro favorito al igual que yo. Es bonito pensar el amor que tenemos a la palabra de nuestro amado Padre celestial y como esta nos redarguye por medio del Espíritu Santo, pero hay cosas que debemos tener en cuenta como hijos de Dios.

La Biblia no funciona como una herramienta de autoayuda para que puedas producir una vida que luce más arreglada. De hecho, frecuentemente la persona que toma los pasos necesarios para convertirse en un verdadero estudiante de la Palabra va a pasar por pruebas y dificultades que sacudan su vida. Esto quiere decir que no puedo limitar en qué área, ni de qué manera, ni en qué tiempo la transformación va a suceder. La transformación que hace la Palabra de Dios no está bajo mi control.

Entonces, ¿quién está en control de lo que la Biblia hace en la vida de una persona? El Espíritu Santo, esto significa que interactuar con la Palabra de Dios es una actividad divina. Cuando un hijo de Dios abre su Biblia y lee, memoriza, medita o estudia con atención el contenido que encuentra en esas páginas, él se expone a que suceda algo sobrenatural en su vida.

¿Cómo funciona? Primero, a Quien tú ves ahí en esas páginas es a Dios mismo. Cuando lees la palabra de Dios y observas el carácter y obra de Dios mismo, estás conociéndolo más profundamente. Conocer a Dios nunca es una actividad pasiva. Conocer a Dios te transforma. No te puedes quedar donde estás cuando ves cómo Él es y lo que Él hace.

Esto produce la otra manera en que funciona este cambio. Cuando ves a Dios y le conoces un poco más, también te ves a ti mismo. Te conoces más y más. Por ejemplo, lees un pasaje donde ves la santidad de Dios. Eso amplía tu visión de Dios, Él se ve más grande, más puro, más intachable. Y al ver esto, de repente el contraste entre Dios y tú se hace más grande. Tu pecaminosidad, los rincones oscuros de tu corazón y tus ídolos escondidos salen más y más a la luz. Es como cuando por primera vez en mucho tiempo se prende una luz brillante dentro de un cuarto oscuro. Todo lo que no se notaba sale a relucir.

Dios dejo al consolador y verdadera guía, la única forma de evitar que nosotros tomemos el control es que nuestra relación sea tan constante con El Rey de Reyes como si viviéramos en carne y hueso con Él.

Ante las adversidades o toma decisiones la palabra de nuestro Señor estaría tan arraigada a nosotros que fácilmente seríamos capaces de distinguir lo que El Espíritu Santo nos dice como si fuera parte de nuestro ADN.