Si nos detenemos a analizar el origen o raíz de los conflictos en el ser humanos, podremos ver que el factor común en todas nuestras crisis; es la ausencia del amor. Es por esta causa que el hombre emprende una desesperada búsqueda, por distintas fuentes, para suplir esa faltante.
Surgiendo así el esperar que otra persona llene su vacío, largas jornadas de trabajo para escapar de la soledad, el llevar su vida a las aventuras mas extremas tratando de experimentar placeres carnales, o recurriendo a sustancias adictivas, para calmar la ausencia existencial y en especial relaciones interpersonales muy conflictivas que llevan a las parejas o matrimonios al dolor, a la violencia y como final la separación.
El Señor nos presenta una fuente de agua de vida con características ilimitadas, parar saciar el alma sedienta. Cuando confiadamente nos acercamos a su ofrecimiento, y nos disponemos a beber de Su Fuente, Él se convierte en la inagotable provisión de AMOR que nos hará levantar por encima del dolor y del conflicto, que restaura, sana nuestras vidas y así llevar sanidad y vida al interior del matrimonio.
“Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte par vida eterna” (Juan 4:14).
