La Excelencia De La Mujer

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Génesis 1: 26-27-28

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

La mujer tiene la dignidad que se deriva de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios.

Dios, en su sabiduría y excelsa soberanía decidió traer a la existencia al ser humano.

El hombre, varón y mujer, proceden directamente de la mano creadora,

En las culturas antiguas, las mujeres eran consideradas como una “cosa” que pertenecía a los hombres. Los padres o los esposos podían hacer con las mujeres lo que bien les placiera. Incluso hoy día las mujeres sufren innumerables vejaciones en mano de los hombres, sin que el Estado o la Ley las proteja. Pero esta no fue la condición de las mujeres en el pueblo de Dios.

El hombre, varón y mujer, tienen una dignidad especial porque fueron creados de una manera especial y diferente al resto de la creación. El resto de seres y cosas fueron creados por la palabra de Dios. En Génesis 1 siempre se repite la frase “Y dijo Dios”, pero cuando se da la creación del hombre, ya no se repite esta frase, sino que Dios, mostrando un afecto especial y un interés personal y relacional, dice “hagamos al hombre”. Con sus propias manos creó al varón y a la mujer. Dios nos pudo haber hecho con su palabra, pero, mostrando que seríamos la corona de la creación y los amados de su corazón, nos hizo con sus propias manos.

Las Sagradas Escrituras nos muestran como el Señor se encargó de que su pueblo reconociera la dignidad de ellas y valorara su importancia en la historia de la redención.