Si alguna vez has leído los primeros cinco libros de la Biblia, seguramente has notado que Dios le da a su pueblo un montón de leyes, y exige su obediencia. Sin embargo, mientras más lees estos libros, te darás cuenta que con pasión y compasión Dios reitera vez tras vez su deseo de bendecir a su pueblo.
Dios es, y siempre ha sido, un Dios de límites. Benditos límites. Límites de amor y protección.
Si queremos ser Padres que aman y protegen a sus hijos como Dios lo hace, es necesario poner límites.
Estamos Llamados a disciplinar y a instruir a nuestros hijos.
Efesios 6:1-4
Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa— para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra. Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor.
En los versículos 1 al 3, a los hijos se les manda obedecer y honrar a los padres, y se les da una promesa de bienestar y bendición. Luego, en el versículo 4, Dios deja muy en claro que nuestro Rol como padres, es hacer todo lo posible porque eso llegue a ser una realidad en su vida, usando la disciplina y la instrucción (¡mejor conocido como “discipulado”!).
Estas dos palabras son palabras de “límites amorosos”. La disciplina impone y ejecuta los límites. La instrucción entrena al corazón a abrazar y deleitarse en el Dador de límites.
Nunca podremos hacer esto de manera perfecta, pero este es nuestro llamado, y Dios hace esto por nosotros al proveer el ejemplo perfecto de la crianza (Hebreos 12).
Mientras nuestros hijos van creciendo, debemos entablar conversaciones con ellos sobre el porqué de los límites del hogar como parte de su educación. Cada regla debe ser basada en un principio bíblico—y por ende tener el potencial de hacer crecer la percepción que nuestros hijos tienen de Dios y la vida cristiana.
Los límites son la idea excelente de un Creador bueno y perfecto.
