Todos los niños son espectadores del mundo que se desarrolla día tras día y con ello los estereotipos que sin darnos cuenta se están imprimiendo en sus mentes y corazones, tristemente vemos niños con expresiones de adultos, manifestaciones que no son acorde a sus cortas edades, ¿estamos realmente cuidándolos?
“Como la mayoría de los padres pueden atestiguar, la falta de presencialidad debido a la pandemia ha provocado un aumento masivo en el tiempo de pantalla para los niños. Según una encuesta reciente de Parents Together, una organización dirigida por padres con más de 2 millones de miembros, muestra que la gran mayoría de los adultos están preocupados por un aumento masivo en el tiempo de pantalla de sus hijos. Casi la mitad de los hijos de los encuestados (48%) pasan actualmente más de seis horas al día en línea, un aumento de casi el 500% desde antes de la crisis”. Fuente INFOBAE
Es como si de repente todo lo que habíamos construido en pro de la protección de nuestros hijos frente a la información inadecuada expuesta en las pantallas se desmoronó, hoy la mayoría de los padres no saben cómo manejarlo.
La avalancha de información para nuestros niños fue abrupta, el estar conectados era una opción y de repente se convirtió en una obligación, como padres cristianos debemos prepararnos para dar respuesta a esta situación, no esperar lidiar con las consecuencias.
Es urgente la necesidad de generar alternativas que nos ayuden a manejar este nuevo panorama reteniendo lo positivo y alejando a kilómetros lo negativo para nuestros pequeños.
- Sacar tiempo para jugar con ellos, SÍ tus hijos anhelan que tu juegues con ellos más que tener en sus manos tu celular por unos minutos.
- Ponerlos en algún tipo de actividad deportiva o artística
- Hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que ellos amen la lectura que no pierdan el regalo de la imaginación tan amenazado por la cantidad de imágenes que ven diariamente.
“Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto”.
Romanos 12:2
