Llena tu Mente con la Palabra de Dios, no de Preocupación

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El día a día está lleno de oportunidades, objetivos que cumplir, y nuevas aventuras. Pero también hay ocasiones en que se nos presentan retos. La Biblia dice que cada día tiene su propio afán. Es decir, es normal que nos encontremos en ocasiones donde alguna situación sea motivo de preocupación. Cuando la preocupación se presenta, lo mejor que podemos hacer es confesarla y convertirla en motivo de oración para entregarla a nuestro Dios.

“No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7 NTV)

¿Cuál es la paz que sobrepasa todo entendimiento? Es cuando estamos en paz, pero no tenemos una razón lógica ni racional para ello. Esa paz sobrepasa la adversidad, la noticia difícil que nos puedan haber dado, o el miedo que algún reto nos pueda causar. Esa paz proviene de la absoluta confianza en que El señor es nuestro pastor, y Él nunca nos desamparará. En cada ocasión en la cual sintamos que las preocupaciones se apoderan de nosotros, la oración es como una línea de vida, que nos saca de las aguas más profundas a la luz de Jesús. Es ahí donde podemos entregarle todas nuestras cargas al Señor y recibir de su paz.

“Su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.” (Mateo 6:32-33 NTV).

Nuestras preocupaciones revelan un área particular de nuestra vida en la que no le hemos dado a Dios el primer lugar. Cualquier área de nuestra vida donde Dios no esté en control será una fuente de inseguridad y preocupación. Cuando convertimos a Jesucristo en el número uno en cada área, simplificamos nuestras prioridades y por consiguiente, tenemos mucho menos de qué preocuparnos.

Quien sabe preocuparse, sabe cómo meditar. La meditación es simplemente enfocarse en un pensamiento una y otra vez. Así que podemos tomar las habilidades que usamos al preocuparnos y en su lugar, meditar en la Palabra de Dios. Podemos empezar con una pequeña porción de las Escrituras:

  1. Leer el pasaje lentamente, quizás en voz alta algunas veces, poniendo énfasis en las diferentes palabras o frases.
  2. Reflexionar sobre la verdad de lo que nos dice Dios en Su palabra.
  3. Hablar con Dios en la luz de lo que acabamos de leer y cómo puede aplicarse a nuestra vida.
  4. Descansar en la Palabra de Dios, escuchando lo que Dios nos quiere decir a través de las Escrituras.

De esa manera podremos cambiar los pensamientos constantes de preocupación por la Palabra de Dios en nuestra mente y corazón. Llenemos nuestra mente con la verdad de Dios y veremos como la preocupación se disipa en nuestro día a día.