El tiempo es algo extraño. Podemos encontrar maneras de hacer que las cosas tomen menos tiempo. Podemos fabricar herramientas y dispositivos que nos ayuden a lograr más en menos tiempo. Pero no hay nada que podamos hacer para manipular o tomar el control del tiempo mismo. Avanza a la misma velocidad que siempre, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo.
David nos enseña esto en el Salmo 39:4-5: Señor, hazme saber qué fin tendré, y cuánto tiempo me queda de vida. ¡Quiero saber cuán frágil soy! Tú me has dado una vida muy corta; ante ti, mis años de vida no son nada. ¡Ay, un simple soplo somos los mortales!
Cuando se trata del tiempo con nuestros hijos, es mejor no arrepentirnos de lo que no hicimos. No debemos dar por sentado el tiempo con ellos y asumir que es un recurso interminable. John Piper escribe: “El tiempo es precioso. Somos frágiles. La vida es corta. La eternidad es larga. Cada minuto cuenta. ¡Oh, que sea un mayordomo fiel del aliento que Dios me ha dado!”
La pregunta aquí es, ¿cómo estamos invirtiendo el poco tiempo que tenemos con nuestros hijos? ¿Está lleno de una lista interminable de actividades para gastar los minutos? ¿Se agota con entretenimiento adormecedor para que podamos hacer otras cosas? Cuando termine nuestro trabajo como padres, ¿miraremos hacia atrás y desearemos haber usado nuestro tiempo con ellos de manera diferente?
Aquí hay algunas ideas sobre cómo pasar el tiempo con los hijos:
- Evalúa las actividades y el ajetreo de tu familia.
- Se metódico e intencional al enseñarles la Biblia.
- Utiliza situaciones o problemas de la vida cotidiana como momentos de enseñanza.
Usemos el precioso y limitado tiempo que tenemos con nuestros hijos invirtiendo en sus corazones. La vida es corta. Por la gracia de Dios, no lo desperdicies.
Por tanto, ¡cuidado con su manera de vivir! No vivan ya como necios, sino como sabios. Aprovechen bien el tiempo, porque los días son malos. Efesios 5:15-16
